Desde un rincón del sur

Nov 27

Día del Maestro

No sé quién instituyera el “Día del Maestro”, tampoco me preocupa.

El Maestro, para un niño, es el todo y se le llena el alma cuando dice: “Mi Maestro dice…”

A lo largo de la vida uno tiene muchos maestros, pero hay uno, o quizá dos o tres a lo sumo, que es el Maestro: el que te enseña; el que te guía; el que te educa, con palabras y con su ejemplo; en quien confías; al que adoras;…

Cuando vas consumiendo años, cuantos más mejor, recuerdas a tu Maestro con nostalgia, con amor y, sobre todo, con agradecimiento.

Mi maestro se llamaba D. José Díaz Mena.

Hoy, 27 de noviembre, siempre fue hasta que algunos desnortados, incultos politiquillos de tres al cuarto, lo suprimieron, el “Día del Maestro”. Felicidades a cuantos os entregáis al maravilloso trabajo de luchar por unos niños mejores.



Sep 23

Reflexiones

“Pedro, me gustaría que, cuando tuvieras un rato, hicieras algún comentario en tu blog o por correo electrónico a tus alumnos sobre la crisis que atraviesa el mundo,…, tu punto de vista sobre el futuro que nos espera a los estudiantes,…”                     (Manuel Trujillo. 2º Bachillerato)

Queridos alumnos:

A lo largo de mis años he visto muchas crisis: desde mi niñez, en que había verdadera hambre porque no había nada, hasta la de ahora. Pero no quiero aburriros con historias que, por otro lado, también sería conveniente recordar alguna vez porque si un pueblo no conoce su historia, tarde o temprano la volverá a repetir.

La crisis de ahora es seria y todavía hay quien no se ha dado cuenta.

Si me ciño a vuestra edad (hablando siempre en términos generales, o sea, la mayoría de vosotros, excepto salvedades) sois hijos de la abundancia: nacisteis en pleno auge de la bonanza; salíamos de una crisis y el dinero fácil fluía; había para todo: préstamos, pisos, terrenos, casas, comidas a la carta, viajes, juegos de lujo, enseres de casa caros, vestidos y zapatos de marca,… Todo os parecía natural. Entre vuestros progenitores se escuchaban frases como: “Si no quiere, que no estudie. Todo el mundo no va a tener carrera”; “Si el niño quiere algo, que no pase ganas”; “Cómprale lo que quiera, que para eso lo gano yo”; “Mi niño viste en condiciones, que para eso lo gana su padre”; y podríamos seguir poniendo muchos ejemplos más.

El tener un trabajo cualquiera, incluso sin cualificar, donde se ganara bastante, daba poderío y se fueron relajando muchas costumbres, se fue perdiendo el respeto a instituciones, a creencias y a personas representativas de la sociedad (léase mayores –abuelos, padres,…-, médicos, funcionarios, jueces, maestros,…). La única meta era ganar más como fuera, disfrutar del ahora, del momento presente, del ya.

Los gobernantes también fueron unos manirrotos: eran espléndidos, promesas de dar, de mejorar, de calidad de vida, de entregar a fondo perdido,… Y no entro en especulaciones de si fueron honrados o se llevaron cuanto pudieron. ¡Qué bueno es uno cuando hace cosas con el dinero ajeno! ¡Cuánto se ha derrochado en política a costa del contribuyente! Y…

… Y ahora viene lo que era natural, ese ritmo no se podía mantener. ¿Qué habíamos producido desde el noventa y tantos en adelante? Nada en el sector primario, algo en el secundario y muchísimo en el terciario o sector servicios.  Y deudas, muchas deudas, de hipotecas, de préstamos de todo tipo (hasta para ir de viaje o a una feria o para un bautizo o…). Los bancos prestaron sin tener fondos, de ahí su crisis de ahora. Y, más aún, nuestros políticos, en su afán de ganar votos, también nos endeudaron y gastaron y gastan más de lo que recaudan y los ayuntamientos tienen deudas, que son nuestras porque las tenemos que pagar. Y el estado está igual y su deuda también es para nosotros.

¿Cuál es el futuro? ¿Qué será de vosotros?

¡Ay! Yo quisiera decir algo bueno y lo voy a decir. Esto no va a durar siempre. Se me vienen a la memoria ahora dos textos: uno, de la Biblia en el libro del Génesis, cuando José interpreta el sueño del faraón y le pronostica que después de siete años de abundancia, vendrán siete años de penuria, pero sólo siete, y hay que administrar bien en tiempos buenos para que no falte en los malos; otro, de mi poeta predilecto, Antonio Machado, quien en su libro “Campos de Castilla”, en el “Poema de un día” escribía: “Pasados los carnavales,/ vendrán los conservadores,/ buenos administradores/ de su casa./ Todo llega y todo pasa./ Nada eterno:/ ni gobierno/ que perdure,/ ni mal que cien años dure.” Sabéis que no soy de ningún partido político, pero me gustaría que esta crisis se solventara no como dice D. Antonio con otro partido sino con una unidad nacional de todos los partidos. ¡Demasiado pedir!

Es fin, qué os digo. Soy optimista por genética y por convicción. Si mis padres no hubieran luchado para que tuviéramos otro estatus al de ellos, no estaría ahora escribiendo estas líneas. Lo sabéis. Creo que esto, aunque tarde más o menos, algo que es impredecible, tiene que mejorar. Eso sí, tenemos que reflexionar sobre nosotros: nuestra producción, nuestro trabajo, nuestras creencias, nuestros objetivos, nuestro pasado y nuestro futuro. Y, sobre todo, y esto es lo que más os concierne, buscad una meta, aprovechad el tiempo, formaos al máximo, no escatiméis horas al estudio, aprended idiomas, habladlos, olvidaos de todo cuanto os pueda apartar de vuestro objetivo, sed siempre vosotros y no dejéis nunca que otros piensen por vosotros. Por supuesto que debéis tener tiempo para el ocio, es necesario, pero no lo alarguéis demasiado. El futuro es vuestro; pero, por el camino que van las cosas, únicamente de los elegidos.

¡Ánimo, pues, y adelante, que podéis!

Un abrazo. Pedro. 


Sep 21

Otoño

En el Parque del Norte las hojas de las acacias, de los castaños de indias, de los chopos, de los olmos,…, pintan el suelo de marrón con todos sus matices: claro, oscuro, anaranjado, amarillento, verdinegro, chocolate,… A la mínima brisa corren sin meta fija o se alzan balanceándose en el vacío rígidas, por muertas, frágiles, etéreas. El sol alumbra con menos fuerza, más dorado. Entre los árboles se ven caminar hombres y mujeres, a quienes la vida les permitió disfrutar largos años.

Más abajo, en el colegio Príncipe Felipe, a la hora del ángelus, se levanta un griterío de finas y agudas voces infantiles.

  Ha llegado el otoño.


Sep 13

Cosas de abuelos

Primer día de colegio.

Con tu vestidito naranja de estreno, el sudor de la fiebre nocturna brillando en tu cuerpecito precioso y tu lazo blanco en el pelo. (- “Es de princesa, abuela. ¿Verdad que las princesas tienen lazos?” - “Tienen lazos y van al colegio y juegan y pintan…”) Subimos la cuesta del Huerto Piojo, la empinante calle Albaicín y el recodo del colegio Picasso. Las mamás contaban sus cuitas, se saludaban; hacía calor esta mañana de septiembre. Tomaste mi mano y me arrastrabas en busca de los columpios y “el parque” cuando las respectivas maestras aparecieron invitándoos a hacer un tren. De pronto vimos que recorrías el simulacro de fila y que, espontáneamente, te colocabas de las primeras, apoyando tus manitas en los hombros del niño anterior. Seguías pegada a tu mochila,  que en ningún momento quisiste que te ayudáramos a llevar. Mamá y yo nos mirábamos, satisfechas por tu desparpajo, mientras  otros se rezagaban compungidos sin querer avanzar. Dispuestas a marcharnos, invité a mamá a que te echara un vistazo de nuevo. Sus lágrimas resbalaban al volver la cara: tú estabas llorando.

Al mediodía mamá me llamó loca de alegría: venías contentísima de tu primer día en el colegio Picasso.

       12 de septiembre de 2011

       Fuensanta Bravo Sánchez 

Segundo día de colegio 

Subí rápido la cuesta de la calle Albaicín. Entre aquel tumulto de madres charlando, vociferando algunas, llamando a otras desde lo lejos, no vi a quienes iba buscando. Bajaba a paso lento, algo cabizbajo; la carrera había sido en vano. Pero, de pronto, a unos veinte metros de la curva aparecieron ellas y Carmen, vestido blanco y lazos rojos, soltándose de la mano de la madre corrió hacia mí con los brazos abiertos: “Abuelo, abuelo”. La cogí entre los míos, echó su cabecita en mi hombro, como suele hacer, y se dejó querer. Así llegamos al Picasso. Un besito de despedida y atravesó el portón. ¡Qué bonita está!

13 de septiembre de 2011

Pedro Gómez Gamarro


Jul 25

Encuentro

El levante, en su eterno encaje de bolillos de incansables idas y venidas, fue testigo de nuestro primer apretón de manos: pleno, el mío; dulce, el tuyo. La mirada, profunda. Luego, otros saludos, conversación varia, comentarios, merienda,…

Caía el sol por la Sierra de Ojén.

De nuevo las manos unidas, más tiempo.

De nuevo la mirada, fija y honda.

No hubo adiós.

Vivimos hoy ya treinta y nueve años.


Jun 27

Carta a los alumnos

Queridos alumnos:

Ha llegado la hora de despedirnos.

Unos habéis pasado cuatro cursos y pico conmigo; otros, tres; algunos, el presente.

Sé muchas cosas vuestras, académicas y personales (gustos, familia, ilusiones, amores,…). También vosotros sabéis bastantes mías,  aunque no me prodigué mucho en anécdotas.

Juntos hemos aprendido mucho: vosotros de mí y yo de vosotros.

A la hora de examinar estos años creo que hay un balance positivo. Indiscutiblemente podía haberos enseñado algo más o bastante más. Podía haberme dedicado más a que entendieseis en profundidad textos o a que leyeseis mejor o a incidir en la historia de la literatura o…

Pero puse todo mi empeño en que dominaseis el idioma en todos sus entresijos. De pequeño aprendí que quien sabe un idioma reina en el mundo.

Sé que os falta mucho que aprender. También a mí. Mientras más se sabe, más se da uno cuenta de lo que le queda por conocer, pues el desconocimiento de la sabiduría aumenta en proporción geométrica a tu aprendizaje.

Creo que, en líneas generales, nuestras clases fueron amenas, nos reímos, comentamos cualquier asunto de actualidad, nos fuimos a otros mundos colaterales a la explicación, a otras culturas, a la historia, a la geografía,…

Trabajamos bastante, mucho. Yo, también. Las clases hay que traerlas preparadas y yo lo hice. Lo sabéis.

Corregimos todo, creo.

Siempre fui con la verdad por delante, nunca fui a cogeros si no hicisteis algo.

Puntué lo positivo que presentasteis que, gracias a Dios, fue mucho.

Pretendí ser imparcial en mis juicios políticos, deportivos, incluso de verdes y moraos, a pesar de mi manifiesta tendencia desde pequeño. Siempre respeté la opinión, creencia o gusto de cualquiera de vosotros.

Quise enseñaros la vida, ejemplos del acontecer diario, de vuestro futuro, seriedad en el trabajo, puntualidad, disciplina con vosotros mismos, entrega, colaboración entre vosotros, saber estar en cada momento.

Me hubiera gustado haberos llevado a la universidad, pero no es posible. Me ha faltado un año. Mas no os preocupéis, estáis en el buen camino, tenéis un bagaje almacenado que sabréis sacar a flote cuando lo necesitéis.

Gracias  a cuantos os preocupasteis por mi salud en determinados momentos; a algunos, muy especialmente. Obviamente, me imagino que otros rezaron a algún santo para que la baja durara mucho tiempo. Es una broma.

Si en algo ofendí a alguno, ruego me disculpe. Nunca fue mi intención.

Y para terminar dos últimos consejos que me habéis escuchado múltiples veces:

Uno, que es lema en mi casa desde siempre, el proverbio chino: si lo oigo, lo olvido; si lo leo, lo recuerdo; si lo hago, lo sé.

Dos, que estuvo conmigo desde mi infancia en mi Arriate natal: “Si otros lo han conseguido, yo también”.

Que la vida os trate bien. Os lo deseo de todo corazón. No desfallezcáis nunca. Sed fuertes y luchad. Soñaré, y espero vivir para verlo, que muchos de vosotros llegáis muy alto.

Muchas gracias por todos estos años.

Alhaurín el Grande, 8 de junio de 2011

Pedro Gómez Gamarro


Apr 29

Maestra

Tras recuperarse de la operación, esta semana ha vuelto a clase como si fuera el primer día: con incertidumbre; con inquietud; casi, diría, con miedo.

Siempre hizo bien las cosas, pero nunca se lo creyó. Es querida de todos, mas aún piensa que hay que dar más. Tras treinta y siete años de entrega total a la escuela, todavía tiene fuerzas para seguir luchando..

Dentro de poco dejará cuartillas, lápices, mapas,…; siempre llevará en el corazón a sus niños, a sus alumnos, a los que entregó su vida.

No le han llegado las nuevas tecnologías, ni el exceso de burocracia inútil. Piensa que la enseñanza perdió mucho con los inventos modernos; necesarios, sí, pero no sustitutivos del tú a tú, de la constancia, de la lucha individual para llegar a la colectiva, del esfuerzo por lograr hombres y mujeres íntegros, preparados para afrontar todas las vicisitudes, ahora tan poco esperanzadoras, de sus vidas.

En breve, dejará definitivamente la escuela, su escuela. Se va contenta, con la labor hecha, con el trabajo completo.

De momento apura los últimos días docentes, con la misma ilusión del primer día, entregándose totalmente a su vocación: la enseñanza.

29 de abril de 2011

 


Apr 21

Liturgia

Como cada año, salvo alguno, en torno a una mesa nos volvimos a ver y a reencontrar.

Como cada año, anécdotas, curiosidades, vivencias, jubilaciones, alegrías,…

Como cada año, ausencias, enfermedades, inquietudes, no saber qué le pasó a…, problemas,…

Pero este año…

Este año, Fuensanta nos recordó nuestra historia: “Aquella idea de volver a reunirse, a encontrarse, a saberse, se hizo realidad… El marco era espléndido: el edificio portentoso del Seminario, las anchas galerías donde tantas horas matutinas y vespertinas habían recogido el eco de vuestros pasos, vuestras risas, vuestras congojas, vuestras  dudas y las incertidumbres propias de esa edad en que todo está por descubrir, por estrenar,… La capilla nos acogió diáfana, con una luz entre envolvente y mágica que trazaba fronteras apenas perceptibles, pero ciertas, en vuestras miradas y en vuestros gestos.

La convivencia fluía, los abrazos, los apretones de manos, los reencuentros, los viejos pero bien atesorados recuerdos, las anécdotas, la sonrisa de quienes no fuimos partícipes, ni protagonistas de aquellas historias pero que, en definitiva, también habíamos hecho nuestras.”

Este año, Fuensanta nos habló de lo que nos dio el Seminario: “…en ese día las risas, el tono distendido, próximo y cálido de vuestras conversaciones me hicieron constatar que realmente había elementos que establecían un nexo tan fuerte que no podrían romper ni la distancia, ni el tiempo.

El Seminario, con sus más y sus menos como toda institución humana, os dio una formación sólida e imperecedera, pero sobre todo os forjó, a sangre y fuego, en unos valores tan profundos que dotó de una impronta y un carisma especial la estructura de vuestra personalidad. Tendréis cada uno de vosotros vuestras características pero hay una especie de clase, de distinción, de toque que os configura. Habéis sido impregnados de honestidad, de responsabilidad, de honradez, de gusto por la satisfacción del trabajo bien hecho, del compromiso y de no hacer las cosas a medias sino con la entrega del que “mete el hombro” con todas sus consecuencias y esos, esos son valores muy cotizados, valores en alza en los tiempos que corren. Y todo ello lo lleváis puesto, como un traje a medida, y lo vais transfiriendo a todas y cada una de vuestras actitudes ante la vida y las circunstancias. Y lo mejor es que casi no os dais cuenta.”

Este año, Fuensanta nos hizo un ruego: “Por eso hoy os pido que, siempre que podáis y vuestras fuerzas alcancen, no dejéis nunca de reuniros en este día, tan sumamente entrañable, para seguir unidos por esos lazos indisolubles que le dan al ser humano ese halo y ese resplandor que lo hacen mágico, que lo hacen único, y brindar una y otra vez por la VIDA.”

Como cada año, hemos celebrado plenamente la liturgia del Jueves Santo.

21 de abril de 2011

 

 


Jan 31

Auroreros

Nunca quiso ir a su tierra. Siempre se negó a recorrer de nuevo aquellos lejanos lugares de su niñez. Intentó tachar de su memoria las vivencias de su juventud. Son demasiados recuerdos de quien jamás aceptó su estatus. ¿Cómo volver a La Cimada, a la Fuente Don Pedro, a las Huertas Bajas, al río Guadalcovacín, a la Callejuela, a la gente que no era de su estirpe, a …?

Una y otra vez le insistí inventando mil argucias: escribir sobre los antepasados, enseñar a los nietos historias familiares, revivir experiencias,…

Una y otra vez idéntica respuesta.

Hay mucho dolor y sufrimiento de años que se quieren olvidar e, incluso, ocultar.

Ésa no era su casta, ése no era su linaje, ese vivir no le debió corresponder y lo tuvo que sufrir.

Hoy, durante la cordial visita, le enseñé fotos en blanco y negro de otros tiempos, de los de mi infancia. Y, cuando se animaba, le traje a la Virgen de la Inmaculada de toda su vida, a Los Auroreros y sus coplas y sus salves. Y rememoraba y tarareaba aquellas letras impregnadas en cada una de sus células. Y…

-       “Un día me vas llevar contigo por todos esos sitios”

Iremos, claro que iremos.


Dec 21

Queremos la verdad

En cierta ocasión una compañera, cercana a IU, me dijo que los del PSOE eran maestros en hacer huelgas y en enturbiar cualquier asunto que no les viniera bien.

Hoy, después de muchos años, vuelvo a constatar que llevaba razón, entonces y hoy día. Se me olvida la cantidad de cuestiones con que semana tras semana nos viene distrayendo el gobierno para que “los españolitos de a pie” no nos acordemos de lo realmente importante: estamos en crisis desde antes de que Zapatero la asumiera y vamos a peor aunque se empeñen en decirnos lo contrario. Valgan como ejemplo de distracciones gubernamentales las elecciones catalanas, hasta en las sopas nos metieron algo que compete a los de allí fundamentalmente (¿qué dirían ellos si dedicaran en su Catalunya igual tiempo a otras elecciones de cualquier comunidad española?); el siempre manido partido del siglo; la ministerial buscada huelga de los controladores; la increíble enésima tregua o alto el fuego de ETA; el paseo a oriente del poco fiable Rubalcaba, ¡sabe latín!; la sucesión de Zapatero, ahora; y no menciono otras menudencias a las que son tan adictos muchos: asesinatos, muertes, separaciones, partidos de lo que antes llamábamos fútbol, las declaraciones de unos y de otros, las pensiones de los trabajadores que no de los políticos que estos ya se las ponen bien altas y no nos las dicen, y unos largos …

Lo peor es que otro gobierno de otro color no haría algo muy distinto, estoy seguro. Probablemente seguiría la misma línea escaparatista y figurante de estos.

Señores del gobierno y de las oposiciones: dígannos la verdad, ¡qué menos!, y déjennos siquiera el mendrugo de pan que nosotros ganamos y ustedes despilfarran.


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